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JORNADA VI: LA RECONQUISTA
Con motivo de la llegada de unos familiares, aprovechamos nuestra novena jornada para acercarnos hasta Cáceres capital y recorrer el centro histórico de la ciudad. Yo ya lo había visitado en otra ocasión en la que Francis, con ese talante tan especial que lo caracteriza, tan suyo, ejerció de cicerone, y ya entonces esta ciudad me sorprendió, pero, no obstante, descubrí cosas nuevas en ella y quedé igualmente maravillada del tesoro artístico y cultural que encierra.
Esta vez la ciudad contaba con animación en sus calles, muy bien integrada ciertamente, tratando de recrear el ambiente medieval de épocas pasadas: compañías de titiriteros, caballeros, nobles, damas cortesanas, mercaderes y taberneros, perfectamente caracterizados, se disponían estratégicamente en distintos emplazamientos del centro histórico para amenizar, aderezada con música de fondo, la visita del viajero, haciéndolo retroceder en el tiempo. Igualmente impresionante es el aljibe, que se encuentra en el Museo de la ciudad, y que constituye el segundo más grande del mundo, al ostentar el primer puesto el de Turquía, el cual espero tener también la oportunidad de conocer el mes próximo. Definitivamente, Cáceres me ha conquistado.
Ambas visitas, por motivos distintos, han sido muy especiales para mí, pues viví experiencias que despertaron emociones y sensaciones que hoy evoco con nostalgia y ternura. ¡Cuántas connotaciones "Cáceres"! Y todas ellas van a marcarme para el resto de mis días. Pero esto ya es harina de otro costal.
Con motivo de la llegada de unos familiares, aprovechamos nuestra novena jornada para acercarnos hasta Cáceres capital y recorrer el centro histórico de la ciudad. Yo ya lo había visitado en otra ocasión en la que Francis, con ese talante tan especial que lo caracteriza, tan suyo, ejerció de cicerone, y ya entonces esta ciudad me sorprendió, pero, no obstante, descubrí cosas nuevas en ella y quedé igualmente maravillada del tesoro artístico y cultural que encierra.
Esta vez la ciudad contaba con animación en sus calles, muy bien integrada ciertamente, tratando de recrear el ambiente medieval de épocas pasadas: compañías de titiriteros, caballeros, nobles, damas cortesanas, mercaderes y taberneros, perfectamente caracterizados, se disponían estratégicamente en distintos emplazamientos del centro histórico para amenizar, aderezada con música de fondo, la visita del viajero, haciéndolo retroceder en el tiempo. Igualmente impresionante es el aljibe, que se encuentra en el Museo de la ciudad, y que constituye el segundo más grande del mundo, al ostentar el primer puesto el de Turquía, el cual espero tener también la oportunidad de conocer el mes próximo. Definitivamente, Cáceres me ha conquistado.
Ambas visitas, por motivos distintos, han sido muy especiales para mí, pues viví experiencias que despertaron emociones y sensaciones que hoy evoco con nostalgia y ternura. ¡Cuántas connotaciones "Cáceres"! Y todas ellas van a marcarme para el resto de mis días. Pero esto ya es harina de otro costal.
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