lunes, 6 de julio de 2009

UN APERITIVO DE LAS VACACIONES


Todas las historias tienen un principio, así que esta no va a ser menos. Bienvenidos al estreno de mi andadura por la web, un camino que emprendo coincidiendo con el pistoletazo de salida del período vacacional, precisamente en una de mis muchas incursiones por tierras gaditanas. Y es que Cádiz es mucha Cádiz; todo es percibir nuestros delicados oídos la propuesta de pasar allí unos días, y empezar a retumbar en nuestro cerebro música celestial, porque la diversión y el ritmo frenético están garantizados: ¡Venga, chica, vete preparando que da comienzo el maratón de Cádiz!

Lo primero es poner a punto el equipaje, así que nos encaminamos hacia el armario en busca del macuto rojo; el pobre ha dado tantos viajes ya a Cádiz que cuando me ve revolviendo las perchas, soltando y cogiendo ropa, plantándome allí delante pensativa e indecisa, me parece escuchar una risa sarcástica -¡So infeliz, desgraciada!, ¿pero qué haces?, si al final siempre te llevas lo mismo, ¿quieres que te vaya indicando las prendas que vas a guardar?, ¡a ver si aprendes ya de una vez!, ahora seguro que viene la falda vaquera, ya verás, ohhh, míralo, "pa dentro", anda que me he equivocado bastante.- Bueno, al fin, primera prueba superada. Ahora toca la bolsa de aseo, o, lo que yo llamo, el botellismo, porque vaya la de botes con los que hay que ir acarreando: que si el champú, el gel, el equave del pelo, los protectores solares, para el cuerpo y para la cara, la laca, la espuma del pelo, el aftersun, la crema hidratante, el desodorante... agggg, todo un arsenal de plásticos como munición playera. Bien, ya pasó lo peor, porque al menos ya no hay que marearse en pensar qué vamos a echar de menos, cosa que siempre sucede por muchas cábalas que hagamos, así que asumamos que nunca lograremos hacer el equipaje perfecto.

Llegó el momento de la ducha, aunque antes habrá que luchar con la maquinilla en la dura batalla depilatoria; ¡qué cruz tenemos las féminas! Repasados los rincones más inhóspitos, y esos especialmente de manera más concienzuda, ya estamos en disposición de emprender la marcha hacia nuestro destino, pues finalmente la odisea de todos los preparativos ha concluido con éxito, aunque eso sí, estamos agotados.

Los aires gaditanos han tomado posesión de nosotros y nos arrastran con tal intensidad, que resulta inútil cualquier esfuerzo por resistirse, así que lo mejor es dejarse llevar por la atmósfera festiva que nos envuelve. Para empezar, unas cervecitas acompañadas por un tapeíllo variado a base de pescaíto frito (ummm, ese olorcillo a cazón adobado o a chocos fritos), un auténtico reconstituyente después de la jornada playera; ¿y qué tal otra cervecita en otro garito? Claro, ¡cómo resistirse a esa tentación! Bueno, y quien dice una cervecita, dice dos, o tres, o, ¡qué más da! Y de postre, lo mejor será una tarrinita de helado preferiblemente de tarta de queso: perfecto.

Y si no queremos playa, hay muchas otras opciones: llegar hasta Puerta Tierra y pasear por el centro, saborear esas ortiguillas fritas en el mercado, disfrutar con la vista de la playa de las mujeres, un rinconcito encantador por el bucolismo que depierta en aquellos ojos que la contemplan, especialmente durante la puesta de sol, degustar el auténtico chicharrón de Cádiz en el Manteca adentrándonos en el barrio de la Viña, recorrer esas callejas del barrio del Populo impregnadas de ecos medievales. O esos cubatitas en el Flamenco, ya durante la hora vespertina, ya más entrada la noche mientras suena el rompido de las olas que se vislumbran tenuamente iluminadas; la entrada en la Bahía de Cádiz acompasada por el vaivén del vaporcito; las pizzas de Francesca... ¡son tantos los recuerdos que me evocan estas líneas que escribo! ¡Cuántos itinerarios he recorrido y cuántas experiencias he vivido durante auténticas jornadas maratonianas! Y de todo ello, con lo que me quedo sin duda alguna, es con la compañía. Gracias a todos los que habéis compartido conmigo estas vivencias, porque el grato recuerdo que conservo de ellas os lo debo a vosotros. Ahora, disponed vuestros ánimos y ¡a la conquista de Turquía! Que tiemblen la Capadocia y Estambul.









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